viernes, 6 de mayo de 2011

El neoliberalismo









Neoliberalismo:

El término neoliberalismo es un neologismo, que hace referencia a una política económica con énfasis tecnocrático y macroeconómico que pretende reducir al mínimo la intervención estatal en materia económica y social, defendiendo el libre mercado capitalista como mejor garante del equilibrio institucional y el crecimiento económico de un país. Estado ausente y un mercado que se auto regule solo.
Muchos economistas en la actualidad tienen como definición del neoliberalismo lo siguiente: "El neoliberalismo es un modelo estéril y una guerra contra los pobres".


Las características principales del neoliberalismo:
1-La desregulación, medio que elimina parte de los controles estatales sobre la producción privada de bienes y servicios. (libre mercado).
2-Apertura indiscriminada de las importaciones; eliminación de barreras arancelarias y para-arancelarias. (libre mercado)
3-Desincorporación de entidades publicas. (Estado ausente)
4-Venta de bienes de empresas y servicios estatales a empresas privadas. (Privatizaciones)
5-Concesión a la iniciativa privada de servicios, principalmente los de comunicaciones y transportes. (Privatizaciones).
6-Eliminación de subsidios. (Ausentar el Estado).
7-Adelgazamiento del aparato burocrático. (Ausentar el Estado)
8-Crecimiento del Ejercito Industrial de Reserva. El desplazamiento de los obreros del proceso de producción conduce a que los países capitalistas formen ejércitos de los sin trabajo. (Desocupación laboral).

La contrapartida de un Estado ausente en las políticas sociales y que desregula el Mercado, es la presencia de un fuerte Estado disciplinador y represivo. Particularmente, un Estado que equipara el derecho a manifestarse públicamente con el delito, criminalizando así la protesta social. Este aspecto es típico del neoliberalismo, y uno de los que más cala culturalmente en las clases medias cuando sus necesidades económicas se encuentran satisfechas. Sobran los ejemplos en nuestra Historia, tanto durante los períodos dictatoriales como democráticos (las jornadas de diciembre de 2001 y los asesinatos de Kostecki y Santillán en el puente Pueyrredón en 2002 muestran un punto culminante en democracia), y en la actualidad el gobierno de Mauricio Macri en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es paradigmático en este sentido.

El neoliberalismo no es nuevo en Latinoamérica, y se ha experimentado durante aproximadamente los últimos 60 años con diferentes intensidades; a partir de la caída del comunismo se produjo el golpe más fuerte de sus políticas. La mayoría de América Latina siguió la estrategia liberal: economía abierta, especialización exportadora, propiedad privada (mayormente extranjera) de recursos básicos y dependencia de préstamos e inversiones extranjeras.

Otro aspecto que pasó más desapercibido, pero no menos dañino es el impacto cultural.
El individualismo se fomentó más que nada, incentivando al sujeto como consumidor y desincentivando su participación pública y política. Aislándonos a los unos de los otros, y tratando de hacernos olvidar el aspecto solidario, amable y compasivo que la vida en sociedad requiere e implica. Rompiendo la organización socio-económica y socio-política y generando fenómenos socio-económico-culturales nuevos para nuestros países, como la “cultura del shopping”, o el surgimiento de los barrios privados dotados de su propia seguridad.

El sector del campo sufrió grandes cambios. Las trasnacionales subcontratan a productores rurales locales la mayoría de la producción, mientras ellos ganan de la venta de insumos y la comercialización. Así, el "productor independiente" es de hecho, un empleado del complejo agro- industrial.
La organización de las cooperativas rurales, está vinculada con las trasnacionales y eso determina que los cooperativistas dependan de la producción, la distribución y los precios de las trasnacionales, las que también deciden la elección de mercancía y mercados.

Los complejos agroindustriales han transformado la fuerza laboral, al introducir la tecnología y la producción especializada, aumentando así el volumen del excedente de mano de obra.
La siembra directa, usada para la siembra de soja, se realiza solo con una máquina que siembra y también levanta la cosecha. Todo lo hace la máquina.

Mención aparte merece el potente herbicida usado para la soja trangénica, el glifosato, altamente tóxico para todo ser vivo. Por más protección que se use con el tiempo tendrá efectos tremendos en la salud. Y cuando la fumigación es mediante aviones el viento esparce a grandes distancias el agrotóxico, que inevitablemente entra en contacto con los habitantes de las poblaciones aledañas.

Los herbicidas en base a glifosato pueden ser altamente tóxicos para animales y humanos. Estudios de toxicidad revelaron efectos adversos en todas las categorías estandarizadas de pruebas toxicológicas de laboratorio en la mayoría de las dosis ensayadas: toxicidad subaguda (lesiones en glándulas salivales), toxicidad crónica (inflamación gástrica), daños genéticos (en células sanguíneas humanas), trastornos reproductivos (recuento espermático disminuido en ratas; aumento de la frecuencia de anomalías espermáticas en conejos), y carcinogénesis (aumento de la frecuencia de tumores hepáticos en ratas macho y de cáncer tiroideo en hembras).

La masa rural está fragmentada en trabajadores temporales y una pequeña minoría de empleados permanentes. Los excedentes, si logran conseguir trabajo, es muy probable que sea en condiciones deplorables o casi esclavos, aunque en varias ocasiones se han registrado casos de trabajo esclavo.

El Estado neoliberal, a través de sus políticas de precios bajos, altos tipos de intereses, libre comercio y políticas de subvención selectiva que favorecen a los grandes exportadores, socava a los productores locales a pequeña escala, llevándolos a la quiebra.
Estos también deben desplazarse masivamente del campo, excedente de mano de obra que recae en la ciudad, a la cual emigran en busca de trabajo. Claro que, en las ciudades, las cosas no resultan mejores…

El Estado neoliberal depende de la confianza de los grandes inversionistas para financiar sus déficits fiscal y comercial, por eso tantas concesiones fueron dadas a extranjeros. La "confianza" de los grandes inversionistas depende de que se les aseguren altas tasas de ganancias, y mano de obra dócil; y de la carencia de controles por parte del Estado.
Esto implica la flexibilización laboral (reducción de los derechos laborales; congelamiento o reducción de salarios; extensión temporal de los “períodos a prueba”; cooptación de sindicatos y reducción de su capacidad de maniobras – a través, por ejemplo, de la eliminación de los convenios colectivos de trabajo y las negociaciones “paritarias”), y el incremento del trabajo “en negro”; la generación de mano de obra desocupada en los campos como consecuencia del modelo de agro-negocios, sumado al ejército de desocupados producido por le cierre de fábricas quebradas gracias a apertura indiscriminada del comercio exterior, generó una cifra muy alta de desempleo que favorece y posibilita las políticas de “flexibilización”.

A partir de los años noventa, y a raíz de la caída de la Unión Soviética el modelo neoliberal alcanza su auge en la región y es ejecutado a rajatabla, bajo los postulados de lo que se conoció como el “Consenso de Washington”. Este era un listado de políticas económicas consideradas por los organismos financieros internacionales y centros económicos con sede en Washington D.C., Estados Unidos, como el mejor programa económico que los países latinoamericanos debían aplicar para impulsar el crecimiento, y cuyos rasgos principales fueron ya descriptos más arriba.

El Estado de Bienestar (iniciado en 1946 con el primer gobierno de Juan Domingo Perón, y con la impronta social que le diera Eva Duarte) entra, luego de unos primeros escarceos, en un período de desmantelamiento franco que comienza abiertamente en 1976 con la dictadura cívico-militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, y que se acentúa durante la década del 90 con el período mememista y el desastroso experimento de la Alianza. Así, el panorama para el año 2002 era el siguiente:

Un 49% de la población bajo la línea de pobreza; aproximadamente un 25% de la población económicamente activa sin empleo. Doce años de un Estado ausente sin regular el mercado, sin asistencia a los desempleados, sin generación de nuevos puestos de trabajo. Con casi todas las empresas del Estado privatizadas. Las estructuras de contralor del Estado completamente desarticuladas. Ya sin clase media, con ricos o pobres que algunos sobrevivían “bien”, y otros ni siquiera tenían ni para comer.

El vaciamiento político ideológico, y un poder que yo diría que en esos doce años desde Menem a De la Rua, los cinco Presidentes en una semana, y Duhalde terminando el mandato de De la Rua, sin llamar a elecciones. Si la vacancia no es transitoria, el Congreso en asamblea, dentro del plazo de dos días debe elegir un presidente para gobernar hasta que se realicen nuevas elecciones (Art. 88, CN). Ese funcionario debe ser elegido entre los senadores, diputados o gobernadores. En fin.

¿Cuánto tiempo podría llevar volver a reconstruir todo lo perdido? No sé que piensan ustedes, pero yo creo que mucho más que 8 o 10 años. Lo hecho hasta ahora desde el 2003 con la asunción de Néstor Kirchner, y siguiendo desde el 2007 con Cristina, yo creo que hemos avanzado muchísimo, seguro que falta mucho por hacer, pero considerando cuál fue el punto de partida en el 2003… Creo que ya tenemos la madurez suficiente para dejar de lado las discusiones tontas, chicanas estériles que no contribuyen a nada. Tenemos que mirar para adelante y darle a Cristina nuestro voto de confianza, nuestra fuerza y unión para seguir profundizando el modelo Nacional y popular, que por cierto, el último que yo al menos pude contar, que fue la primera presidencia de Perón de 1946/52.

Agradezco a Sebastián Erasun por su aporte y corrección del texto, que hizo de mil amores. Gracias Amigo!

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